María José García no está en casa. Ha salido. Sus hijos, Luis José y Alejandro Lebrón, echan la tarde atrás en el hogar. La televisión está apagada. El pequeño Alejandro, que es enérgico y alegre, contempla, tímido, la entrevista a su hermano mayor. Ambos están sentados en un sofá largo.

Vestido con una camiseta del Inter de Milán, Luis José Lebrón explica que ha avanzado su posición en el terreno futbolístico: ya no juega de portero, prefiere la retaguardia. En ocasiones incluso actúa como delantero. El cambio de demarcación le ha ido estupendamente a su equipo, que ganó una liga provincial de fútbol sala el pasado mes de marzo. “Ahora vamos a jugar a fútbol7”, dice, como mandando un mensaje claro: el campo se le ha quedado pequeño, había que “agrandarlo”.

La agenda del joven, que estudia segundo de Secundaria en el colegio Santa Lucía de Frailes, habla por sí sola: Luis José no para quieto, el deporte le entusiasma. El balompié lo practica martes y jueves. También le gusta el hockey, pues entrena cada viernes. Y pedalea lunes, martes, miércoles y jueves de la mano del Club Ciclista Buenavista de su pueblo. “Me gusta irme con ellos. El pasado fin de semana fuimos a Sierra Morena. También he hecho una trayectoria importante: desde mi pueblo hasta Lucena (Córdoba)”, comenta.

Decidido a aprovechar el tiempo, Luis José Lebrón aprende a tocar el clarinete en la Casa de la Cultura de Frailes. Las clases de solfeo son la antesala para tocar su instrumento. Mientras tanto el adolescente escucha géneros que apelan al espíritu festivo: house y minimal. “La diferencia entre ambos es que en el segundo no hay voz ni letra, solo música”, señala. Y no miente: sonidos de sirena de ambulancia, estructuras que se repiten hasta el infinito y ausencia de literatura. Eso, más o menos, es el minimal. También es la banda sonora de su adolescencia, pues Luis José Lebrón sigue y sigue en busca de su meta: hacer Ingeniería Industrial de Diseño Automovilístico. “Me gustan mucho los motores y la química. A veces le ayudo  a mi tío Juan Antonio Jaén, que es mecánico”, asegura. A juzgar por sus calificaciones, la empresa es viable: todo sobresaliente a excepción de Historia. “Me cuesta memorizar nombres y fechas. Matemáticas sí que se me da bien”, admite.

María José García aún no ha llegado a casa. Puede estar tranquila: su primogénito controla el hogar durante su ausencia. Y cuida al pequeño, que ya ríe, distendido. “A veces nos encerramos el uno al otro en el balcón. Pero son bromas, nos llevamos muy bien”, confiesa Alejandro. Cosas de niños.

Publicado en Diario JAEN, edición impresa del viernes 17 de mayo de 2013