Yo nunca pensé que el amor podía durar tres años. Lo normal, a mi modo de ver las cosas, es que en la agonía del tercero la unión sea una farsa, un pacto absurdo que las partes sostienen por autointerés, pereza o miedo a la soledad. Si una relación dura tanto tiempo, pues concibo un trienio de compromiso como algo cercano a la eternidad, es porque la unión es auténtica. Me refiero a Frailespático. Nosotros escribimos y ustedes, unos cuantos, leen. Si funciona, si esto no se ha ido ya al carajo, es porque lo nuestro va en serio.

En tanto que pareja, hemos experimentado juntos momentos agradables y otros menos placenteros. A uno le gusta recordar los polvos salvajes, que son esas crónicas en las que tuve la sensación, otras veces frustrada, de fotografiar una parte de la realidad. Luego están los gritos y las maletas en la calle, que, en mi caso, son algunos desahogos coléricos que debería haber vomitado fuera de este medio, en otro sitio más personal. También me pone recordar las confidencias en las entrevistas, secretos medio públicos medio privados que se convirtieron, horas más tarde, en carne de curiosos. El cotilleo a mí no me molesta, pues entiendo que uno es libre de contar lo que le venga en gana mientras tenga el coraje de asumir sus palabras, sus acciones. Libertad, al fin y al cabo.

Yo me lo estoy pasando de puta madre con esto de contar historias y de compartir cómo veo el percal, pero me consta que otros preferirían un Frailespático sin opiniones. Tendrán que recurrir a la imaginación. Aquí, en esta revista, cualquiera puede expresar su forma de entender la existencia. Sobran los ejemplos. Siempre daremos voz a quien tenga algo que decir. Nunca eliminaremos comentarios ni valoraciones de nadie. Nunca. A mí me han dicho por aquí cosas muy feas que vosotros no creeríais, pero ni se me ha pasado por la mente borrarlas. Otros, en cambio, algún día llamarán a las Fuerzas Armadas.

Y las equivocaciones, que por supuesto las hay, debe uno asumirlas con la dignidad del gatillazo. Nosotros, redactores y lectores, nos queremos. Escribir, como asegura el cronista Alberto Salcedo Ramos, es equivocarse. Y errar es humano, dijo un pato mientras se bajaba de una gallina.