Yo no escribo el mismo día de San Valentín porque de amor no tengo ni idea y porque no soporto la presión de publicar cuando me mandan, ya sea mi empresa o el calendario de las grandes superficies comerciales. Veinticuatro horas después, me siento más suelto, lo noto hasta en las teclas del portátil.

En este texto quiero brindar por, a mi limitadísimo juicio, una de las canciones más auténticas y valientes que he escuchado sobre el amor. Romántica de principio a fin, sin una concesión a la cursilería, letal tanto en la forma como en el fondo. Bella. Se llama, como pueden ver en el vídeo, “Hay amores que nacen en primavera” y la firma un profesor de filosofía que cuando coge la pluma da en la frente, como si escribiese con cerbatana. Si yo me encuentro algún día a Juan Carlos Aragón, el autor de esta y otras letras de altura, haré lo mismo que mi colega Michael Jacobs hizo cuando descubrió a García Márquez en un bar de Colombia: lo miraré fijamente para cerciorarme de que es él de verdad y, más tarde, escribiré un libro. Aragón, que gusta de llamarse El Capitán Veneno, es  más que un “enfant terrible”, más que esa etiqueta de hombre que agita el carnaval gaditano con su pluma díscola. “Ahora soy más peligroso para el sistema que cuando tenía veinte años”, dijo no hace mucho tiempo en televisión. El problema que tengo con él actualmente es que su última obra, que prefiero no nombrar, bien la podía haber firmado Alejandro Sanz. Y, hasta donde yo sé, la historia se escribió al revés: es el madrileño del “Corazón Partio” quien canta en sus conciertos melodías del talentoso poeta de la Tacita de Plata.

Yo no me atrevo todavía a escribir de amor, porque escucho la canción que encabeza este texto y acepto que la profundidad y la mirada que Aragón imprime a la letra están reservadas para los elegidos por la literatura. “Ojalá vuelve a escribir así”, me dice un amigo que es tan “tifossi” como yo del artista, pero que ve preocupantes síntomas de decadencia en su última comparsa, que tampoco pienso nombrar en este párrafo.

El carnaval llega a Frailes y me gustaría disfrazarme de indio americano, como los de allá arriba, para ir por las calles cantando eso de “Y aunque a veces me haga ser esclavo tampoco lo cambio por mi libertad”. Pero ni tengo la voz de El Pellejo, famoso intérprete gaditano, ni entiendo de carnavales ni sé qué es el amor. Solo sé que, según Aragón, estalla en estas fechas.

Le tengo tanto respeto al autor de “Los Yesterday” que no me atrevo a ponerle a un artículo mío el nombre de una de sus canciones bandera. Y soy optimista; estoy convencido de que volverá. Los románticos le necesitamos.