Si le invitan a jugar una partida de ajedrez a contrarreloj, Luis Miguel Castillo, un niño de nueve años, saca los colmillos, como un lobo. Pone los ojos en la tabla, revisa la posición de sus piezas, sincroniza acción y pensamiento en apenas segundos, detecta las debilidades del oponente, ataca y normalmente gana.

El joven de nueve años con nombre de cantante de baladas es fiero y sagaz en esa guerra sin sangre que es el ajedrez. Infunde respeto a sus adversarios gracias a su notable progresión: en apenas un año ya logra derrotar, en ocasiones, incluso a su maestro, Javier Peinado. “Quedó primero en la categoría subdoce del Campeonato de Ajedrez de Frailes. Le ganó a chicos mayores que él. Tiene mucho talento. Cada día juega mejor”, celebra su “manager”. Fue en el Centro Juvenil del pueblo donde Luis Miguel Castillo aprendió la táctica y los secretos de un deporte que apremia la inteligencia. Que se le dé tan bien no sorprende: es un niño muy aplicado, tiene una agenda más propia del presidente del Gobierno que de un joven de nueve años. Cuestión de rigor.

Lunes, martes y jueves centra sus esfuerzos en aprender Inglés con la ayuda de una profesora nativa. Miércoles y domingo perfecciona su perfil ajedrecístico. Y luego está el fútbol, el otro juego que práctica. Empezó como portero, la mirada fija en su ídolo Íker Casillas, aunque ahora se quita los guantes más a menudo para probar esa sensación tan mitificada del gol. Luismi, como le llaman sus amigos y familiares, es tranquilo. Lo demuestra cuando ve a su equipo, el Real Madrid, medirse con el Manchester United en semifinales de la máxima competición continental. Marquen los blancos o los diablos rojos, el pequeño no se altera, con su sonrisa de travieso tímido, bebe su refresco y disfruta del partido. Es un niño especial y lo sabe. Por eso tiene dos madres, la que le dio la vida y la que lo acompaña a cualquier lado, su hermana, Inma Castillo. “Es un chico muy bueno, se relaciona con gente de diferente edad. También es responsable y educado”, asegura la hermana mayor. Luismi, que juega una partida contra su maestro, acepta las tablas. “Ya le ganaré otro día”, piensa. Y cuando llegue la hora no vacilará: jaque mate.

Publicado en Diario JAEN, edición impresa del 15 de febrero de 2013