Licenciado en Económicas y en Administración de Empresas, Rafa Frías no solo es amigo de los números. Empezó a escribir textos cómicos en la habitación de su piso en Málaga cuando abrazaba la vida universitaria con dos máximas: diversión y trabajo. Poco a poco, el niño de “Pajote” explotó sus cualidades delante de un micrófono: descaro, valentía, presencia y discurso de payaso canalla. Envió un vídeo a un concurso de monólogos y sin darse cuenta llegó al Teatro Cervantes de Málaga, ubicado a pocos metros de su apartamento, como si se hubiese tirado en paracaídas desde la ventana tras un gag tronador. De la pantalla al escenario, de la inquietud a la formación.

Aterrizó en Alcalá la Real, ayer, escoltado por los suyos: familiares, paisanos y amigos de municipios vecinos. “Me pongo más nervioso cuando vienen a verme. Si actúo delante de desconocidos me da igual”, confesó antes de convertirse en el punto de mira de los asistentes del local con nombre de catedral gala, Notre Dame. Era el sitio perfecto para un bufón atrevido como él. Su hermana, María Frías, esperaba vivir en directo la labia de Rafa. “Solo lo he visto en vídeos”, aseguró.

Rafa Frías actúa en el pub Notre Dame

Apagada la música del pub, el protagonismo convocó al humorista frailero, que empezó su espectáculo con un baile alocado, sin rastro del sentido del ridículo. En el terreno de la exageración siempre convence, porque ha sabido imprimirle al personaje la hipérbole que suele acompañar a la persona. Gestualidad, ritmo en el discurso, interpelaciones al público, Frías domina la puesta en escena hasta tal punto que el foco, una bala de fuego para los nóveles, lo respeta como actor. Antes del descanso ya había imitado a Zapatero y a Mourinho, entre otros, las carcajadas como eco de sus triunfos chistosos. Su desparpajo crece con rabia y le vale para campear por Alcalá la Real, tierra que a veces mira a Frailes con catalejo. Resuelve con solvencia los contratiempos del directo: un micrófono que no funciona, un señor que lo mira como un loco a metro y medio de distancia o grupos de gente que entran y salen del local como él de sus personajes.

El humorista frailero mira al público

“Lo hace para divertirse. Eso es que lo importa”, tercia su padre, amigo, como su hijo, de los números y de las risas. En el segundo tiempo del monólogo, el joven regala su sátira sobre el Erasmus: hay que irse a otro país para aprobar en lengua extranjera la asignatura que se atranca en territorio nacional. María Frías abraza a su hermano tras el fin del espectáculo. Qué bueno tener un bufón en casa, piensa ella.

Vídeo y fotos: Antonio Anguita