Frailes celebra que 2012 concluya, al tiempo que recibe 2013 sin optimismo, consciente de que la película de la crisis no anuncia, al menos de momento, giro que sorprenda. El pueblo susurra un réquiem áspero para despedir un año con penas recientes y sin más gloria que aguantar el chaparrón del paro. En voz baja pide salud, ilusión y alegría, “aunque no sea de verdad”.

Todo vale para despertar el ánimo helado de las Pascuas. Esa es la filosofía con la que se ponen delante de la cámara de mi compañero Antonio Anguita algunos de los vecinos más representativos del municipio. Le acompaño en la bella tarea de darle voz al pueblo para que hable del pueblo. Nuestra misión es tan sencilla como amena: pedirle al personal que cuente, con brevedad, cómo vivió el año que se va y qué le pide al que entra. Parece fácil, pero ni de coña: la cámara intimida, arrebata naturalidad y complica la sencilla empresa de mandar un mensaje navideño.

Llegamos Anguita y yo a la tienda BCM. Su dependienta, María Adela Mudarra, ya está fichada como primera “víctima”. Aurora Quesada, que está apunto de entrar al comercio, se adelanta.

— ¿Para qué es esto? —pregunta mientras se peina el tufo delante de un espejo.

— Para Frailespático —contestamos.

Aurora, que amaga con pasar del tema, acepta y graba con desparpajo su análisis. Al rato entra otra vecina a la zapatería y se convierte en la segunda entrevistada. Luego le toca a María Adela Mudarra, que le pide distancia al camarógrafo.

— ¡Échate más para atrás, mariquita! —dice entre risas.

Tras ensayar su discurso, lo transmite, coqueta, sencilla, como cuando vende un chándal.

— La verdad es que 2012 no ha sido el mejor año, pero tenemos que ser positivos. La vida son tres días. Hay que poner buena cara, alegría para todos, aunque sea de mentira —expresa y vuelve a desencadenar carcajadas.

Nos vamos a Inforfrailes y conseguimos el primer “no” de la jornada. Manda cojones que sea María José Ortega, mi “hooligan” confesa, la que me diga “nanay”. Algún defecto tenía que tener la buena mujer.

Sumamos más voces cerca del Gimnasio Municipal. José Miguel Serrano, trabajador del Ayuntamiento, se pone serio, habla en nombre de la administración local y demuestra que la vida continúa tras ser grabado, que el mundo no se acaba. José Pedro Chica pasa con su coche. Le hacemos señas para que pare.

— Ahora no puedo, me voy a trabajar.

— Es un minuto.

El dj con más mili de Frailes exhibe cordura, tranquilidad y sencillez. No alcanzo a escuchar lo que dice, no hace falta. Conozco su retórica, sé que no es de goma, que disecciona con agilidad realidades. Llega María Adela en su coche, trae una presa a la que escolta: su amiga Mari Ángeles Vela.

— ¿Y ahora yo qué digo?

— Lo que te de la gana.

La técnica en estética suelta sus características risas y, con su hija Paola en brazos, pide que a la peña le vaya bonito en 2013.

Entramos en mi bar como fugitivos. Antonio Anguita se rencuentra con una vieja compañera de aulas, Lucía Zafra. La graba, conoce a su retoño y termina encuadrándola junto con el hombre que me descubrió El Piruetano, Pedro Zafra. Pulula por allí Dani Ribera, que dispara su sorna sin piedad.

— ¿Cómo irá el año que viene? —le pregunta el cámara.

— Y yo que sé, Guru — contesta.

El surrealismo de Luis “El Panza” entra en escena. Amenaza con pegar a todo Cristo, en clave de humor, por supuesto. Relata sus Pascuas, que son tranquilas, serenas. Aunque no queda claro dónde celebrará la última noche del año.

— No te vayas a echar a llorar, Luis —le grita Horacio Garrido, que está cerca de la Caja Rural junto con Florencio Machuca. Les explicamos de qué va el asunto. Aceptan sin problemas. Coinciden en sus respectivas radiografías: 2012 ha sido duro, pero no hay que desanimarse. Jesús Manuel Ramírez, empleado bancario, abunda en la anemia económica que sufre el país. Pero se ríe y hay que interpretarlo como un guiño de esperanza.

Cae la tarde, el frío engaña, porque es más puñetero de lo que parece. Las Roturas, El Cantillo, Los Picachos y Las Cuevas. Media villa recorrida en búsqueda de testimonios que caen como las hojas en otoño. Denominador común: presencia de mayores.

— ¿Dónde está la gente joven? —me pregunta mi colega.

— Leyendo —le contesto.

Aparecen David “Kong-Fu” y Alejandro Caño a la altura del desaparecido Bar Nuevo. Sus caras son poemas olivareros.

— ¿Qué os contamos, que venimos hartos de dar palos?

Los que acumulan más primaveras en tierras fraileras destacan por sus silencios. Entre oración y oración cabe, a veces, El Quijote entero.

— Lo que hace falta es que los chavales como vosotros encontréis trabajo, que está el país fatal  —apunta uno.

— Os deseo un feliz año —dice otro.

— Aquí estamos, ganemos o perdamos —apunta Luis “Portillo”, el ato de venir del campo, el río Chorillo como atrezo. Mi vecino se decanta por el optimismo moderado sin obviar una realidad incómoda: el descenso de jornales es notable.

Ya en el epílogo de nuestra historia, que es la de reproducir lo irreproducible, volvemos a casa y encontramos otro testimonio para nuestro reportaje: aparece Enrique “El Tete” a lomos de su hercúleo Pegaso.

— Feliz año nuevo. Y que “mus llenen” —ordena con el acelerador pisado.

Vídeo: Antonio Anguita Lebrón