Panderetas, zambombas y entusiasmo. Con esas tres cosas, las mujeres y hombres que se reúnen cada tarde en estos días más para cantar al niño Jesús, al pasado y al futuro, entre las cuatro paredes de la ermita de San Antonio.

Cada año, desde que la memoria les alcanza, acuden en estas fechas para festejar el nacimiento de Jesús y el comienzo de la Navidad. “Algunos años se ha hecho en la iglesia, otros, incluso, en casas de particulares”, comenta Amadora Anguita, una de las fraileras que asiste, cada año, a las jornadas.

Nueve días entre rezos y villancicos, nada se interpone entre el grupo de gente y el homenajeado. El cual debe preguntarse quién le cantará cuando, dentro de unos años, no vivan las personas que portan las panderetas y zambombas. “En las jornadas falta una cara joven, niños y niñas que, cuando ya sus abuelos no los traigan, vengan ellos solos”, explica la frailera.

Lo cierto es que, observando la imagen desde fuera, sentado en la acera frente a la ermita, se ve a todos cantando y rezando, como una vieja fotografía sacada de un álbum de fotos, con la certeza de que en un futuro no estará.

Las Jornadas de Navidad acabaron el día que antecede a la Nochebuena, pero en las casas siguen sonando villancicos y las luces continúan colgadas de los árboles. Y es que todavía es Navidad, queda tiempo para soñar, para vivir el presente y disfrutarlo para que, cuando se convierta en una antigua fotografía, quien la tenga entre las manos se emocione al recordar.