Con la misma seguridad que sabemos, cuando nos vamos a dormir, que al día siguiente amanecerá, cada día, cuando veo el telediario, sé que voy a conocer a un “chorizo” nuevo.

Es pasmante la facilidad con la que los políticos, banqueros e indios del mismo pelo se hacen con el dinero de bolsillos ajenos. Hoy en día, tener una cuenta en Suiza es tan normal como comprar el pan en la panadería. Miles y miles de euros, casas en las mejores urbanizaciones de las ciudades, coches que deslumbran a los mismísimos dioses, en definitiva, todo es poco para esos amigos de los ajeno. Señores que creen fervientemente que los sueños se pueden hacer realidad, sobre todo, si mientras otros duermen, ellos planean sobre sus almohadas la forma de enriquecerse haciéndonos creer que trabajan en nuestro beneficio.

Actualmente, los ladrones no van vestidos de negro, ni llevan pasamontañas. Han evolucionado, y ahora van de Armani, con carteras bajo el brazo, hablan un idioma que no entendemos, sobre leyes, justicia y economía, se pasean en elegantes carruajes y llegan a hacernos pensar que de tan bueno son tontos.

Analizando la situación, llego a la conclusión de que deben haber aprendido a transformar el agua en vino, o por lo menos a que lo creamos, porque se ríen en nuestras narices y nosotros los alabamos y votamos.

En definitiva, hoy he aprendido una cosa. No tengo televisión de plasma, tampoco he viajado al Caribe, por lo tanto no debo tener la culpa de la crisis, aunque, aun así, supongo que “mi espíritu aventurero” me incitará a irme de España.