“Es raro el día que no tengo que llamarle la atención a alguien. Si hay dos coches en medio, ya no puedo pasar”. Manuel Romero, vecino de Hoya de Salobral, está cansado. Cada mañana coge su vehículo para ir a trabajar y encuentra “obstáculos” que le impiden progresar. El punto de obstrucción es “La Fuente de la Alhambra”, nombre que el Santo Custodio le dio a este “manantial” de agua visitado a diario por turistas. Pese a que hay una señal de tráfico que veda que los coches aparquen en las proximidades de la fuente, vecinos de la aldea de Noalejo aseguran que hay visitantes que hacen caso omiso de la prohibición.

Da igual la hora que sea: de día, de noche o de madrugada. Ver a alguien extraer agua de “La Fuente de la Alhambra” es una escena común. Sobre todo en verano. “Que se lleven el agua no es ningún problema. Pero que dejen los coches aparcados y no se pueda pasar sí que lo es. La señal de tráfico de prohibido lleva más de tres años, pero no todos la respetan. A veces ha habido golpes entre vehículos debido a la estrechez”, asegura Antonia Cano, vecina que vive cerca de la fuente. Afirma que hace un par de semanas vivió el último “atasco”. “No solo me ha pasado a mí”, lamenta.

Dos turistas llenan de agua sus botellas

Dos turistas llenan de agua sus botellas

El acalde pedáneo de Hoya de Salobral, José Martínez resta importancia a las quejas circulatorias de residentes de la aldea. “Alguna gente que va a llenar agua estaciona, pero no estorba. A veces son personas mayores. Puse las señales para que no aparcasen. No hay ningún problema”, esgrime. “Llevo diecisiete años en mi cargo y, en este tiempo, ha habido multitud de visitas a la fuente. Si yo fuera a otro sitio a llenar agua no me gustaría que me dijesen que no puedo hacerlo”, argumenta.

“No tengo nada en contra del alcalde. Lo hace bien y es una estupenda persona. Pero este problema existe”, tercia Carmen Serrano, vecina de la pedanía. En la misma línea que Antonia Cano, su hija, la mujer subraya que no le molesta que venga gente a llevarse agua. Y eso que ha tenido algún rifirrafe indeseado con una turista. “Una mujer de fuera que estaba llenando varias garrafas de agua no me dejó llenar una botella para hacer gazpacho”, recuerda.

Más allá de los “atascos” que, según los vecinos, genera “La Fuente de la Alambra”, el agua que desprende atrae a multitud de personas. “Si costase dinero seguro que vendrían menos”, sentencia Antonia Cano.