Era el aire fresco de la madrugada de Frailes. Uno de los primeros vecinos que abría el telón de la mañana cuando medio pueblo aún dormía. Cuando despertaba su destino era su origen: el campo. No se puede entender la vida de Custodio Martín Castillo (Frailes, 1937) sin la naturaleza, escenario donde conoció el hambre, la fatiga, el trabajo y el placer. Menor de siete hermanos, a Martín lo golpea la tragedia por primera vez cuando ni siquiera sabía qué era la existencia. “A los pocos días de nacer, su madre fallece. Diferentes mujeres lo amamantaron. Además se alimentó con leche de una cabra”, expresa Luis Martín, su sobrino. La Guerra Civil es el dramático contexto donde empieza a crecer un niño pobre que descubre pronto que sus brazos no tienen el mismo tamaño. El izquierdo es más pequeño y débil. Esta lesión le vale el apodo de “El Mutilado”, sobrenombre que lo acompaña hasta que la muerte lo convoca el pasado 13 de julio. La minusvalía no pudo frenar a una fuerza de la naturaleza que cumplió con creces en todos los empleos que desempeñó. “La agricultura fue su principal oficio. También trabajó en la recolecta de la uva en Francia y en el sector de la hostelería en Palma de Mallorca”, expresa Luis Martín. Cuando el deber lo llamaba fuera de los límites de su municipio, Custodio se marchaba con la melancolía de quien deja atrás lo que más quiere: el lugar que definió su identidad. “La vida en el campo era su pasión. Conocía todos las plantas y animales de la Sierra Sur”, recuerda su sobrino.

Pasaron los años y la vejez lo sorprendió sin la compañía de una esposa, ausencia que suplió con la libertad y con el maternal vínculo que lo unió a su hermana Dolores Martín. Ella cuidó de él cuando era niño y él le devolvió el afecto cuando la enfermedad arrinconó a la anciana en la casa que ambos compartían. Custodio se quedó triste y solo tras la muerte de Dolores. Para combatir el vacío, el agricultor frecuentaba cada día los bares de la villa. Elegía siempre el vino tinto, una mesa cercana a la televisión y los documentales de naturaleza. “Ponme los bichos”, pedía con insistencia al camarero. Era en las tabernas donde relucía su picaresca, exenta de maldad y llena de astucia. “Repartía lo que encontraba por el campo. Nunca armó follón en el bar”, señala Paco Cano, camarero y amigo de “El Muti”.

Ya en el umbral de su muerte, Custodio Martín se erigió como el mejor anfitrión de los extranjeros que visitaban Frailes. El pintor inglés Nico Adrian lo define como una buena persona, con extraordinarias cualidades en el medio agrario. “Él quiso enseñar al resto el valor de las cosas logradas con esfuerzo. Plantó árboles para que la gente lo recordase cuando se fuese ”, confiesa Luis Martín. La leucemia acabó con un hombre que convirtió en belleza las miserias de su entorno.

Publicado en Diario JAEN, edición impresa del 22 de julio de 2012