El río Chorillo está lleno de mierda. La fotografía que ilustra el artículo refleja nítida y verazmente la porquería que esconde su agua. Si no fuera porque he visto basura de todos los colores en el casi cuarto de siglo que llevo en la tierra, la imagen torturaría mi orgullo. Pero a estas horas de la comedia asustarse es dramatizar la melodía cacofónica cotidiana.

La carroña es denominador común del paisaje. No voy a llamar al 061. Lo que sí me parece conveniente es mandarle un mensaje a la inseparable pareja de trabajadoras que pueblan, con discreción, el Ayuntamiento de Frailes. Me refiero a la concejal de Medio Ambiente y segunda teniente de alcalde, Encarnación Castro, y a la concejal de Juventud, Deportes y Festejos, Lucía Serrano del Moral. Como no me he caído de un árbol, sé que ellas no son las responsables de que el río parezca un cementerio acuático. La autoría de esta miseria evoca a todo el pueblo. Pero que tampoco se piensen que con ellas no va la cosa y que, a continuación, les voy a cantar una nana. Si yo fuera concejal, cargo que espero no desempeñar ni harto de Ribera del Duero, me mosquearía que uno de los símbolos naturales del municipio tuviese más mierda que el sobaco de la mona de Tarzán. Si, además, fuese titular de la concejalía de Medio Ambiente, o tuviese estudios vinculados a esta importante especialidad, como, por ejemplo, atesora el concejal del PSOE Sergio Garrido, al ver tanta guarrería junta me sentiría incómodo. Trataría, al menos, de disimular la bazofia. Lo más normal es que mis mejillas adoptasen un revelador tono rojizo. Como la silvestre Heidi. Pero claro, no los tendría, como ella, por exigencias del guion. La vergüenza me animaría a, que sé yo, mandar a un par de trabajadores que cobran el desempleo a esclarecer el raquítico riachuelo. O incluso iría en primera persona, catiuscas abrochadas, y remaría contra la ola negra. Más que nada por aparentar. No vaya a ser que venga algún fulano importante, con dinero, al pueblo, se asome a ver si hay patos nadando en el Chorrillo (o Velillos) y, en vez de aves, descubra hongos mutantes. Estaría muy feo, ¿no? Siempre hay que velar por los intereses de la comunidad. Pero a lo que iba, ¿cómo obvian las concejalas más próximas al alcalde el lamentable aspecto del río? Por si no aún no se han dado cuenta, les describo la fotografía que tomé hace una semana: una pelota roída, dos cartones mugrientos, una botella vacía, una bolsa de plástico transparente y un cepillo ahogado. Todo junto decora la escena. En otras palabras: mierda pura. Si mi exposición les llega tardía y ya conocen el estado del humilde caudal acuático, ¿a qué esperan para limpiarlo? ¿O para hacer unas jornadas medioambientales?

Mientras miden la enjundia de la cuestión, el pueblo, de Carnaval. Y Serrano del Moral de pregonera, disfrazada como su colega Castro. Hasta maquilladas de negro tienen que ver reflejada en el río la miseria flotante de todos los fraileros.