Habló el pueblo frailero y, por poco más de medio centenar de votos,  el PP será el encargado de gobernar la villa los próximos cuatro años. El ajustado resultado electoral revela la máxima expresión de la polaridad política que ha reinado en el municipio durante la última legislatura: el 51,39% de los votantes fraileros eligieron al PP y el 47,21% apostaron por el PSOE. La noticia principal del desenlace de los comicios es que por primera vez en la historia de nuestro pueblo el PP regirá el Gobierno local. Y este triunfo es aún más noticioso teniendo en cuenta la naturaleza de la victoria de los populares y la resonancia histórica de la derrota socialista. El PP ha logrado imponerse presentado un concepto que ha sabido consolidar en sus votantes fieles y propagar en los ciudadanos indecisos o descontentos con la administración municipal liderada por Antonio Cano: la necesidad de la alternancia política en el poder. Es lo que el PP ha llamado durante los últimos ocho años ‘el cambio’. En torno a esta idea (o imagen) la candidatura popular ha ejecutado una campaña electoral tan frágil como eficaz . El nuevo equipo de Gobierno estaba tan convencido de que el cambio era el mejor producto que podía ofrecer a sus votantes que no ha necesitado escoltarlo con un discurso de musculatura ideológica o de reproches al contendiente político. Ni siquiera hacía falta hacer un meeting porque el único mensaje que había que trasladar ya había incubado en muchos ciudadanos. El cambio no ha ido acompañado de un discurso porque el cambio era el discurso. Así, un eslogan sencillo, exhibido en carteles y propagandas, ha calado con fuerza en más de la mitad de la población frailera y ha sido la mejor baza electoral del PP teniendo en cuenta que el partido liderado por Garrido Romero no podía presentar como aval años anteriores al frente de la alcaldía por la sencilla razón de que nunca había ganado unas elecciones. El trabajo en la oposición o el programa municipal podían servir de munición electoral y no han tenido apenas peso en la contienda policía.  Que el PP haya focalizado la campaña en la idea del cambio no le ha perjudicado a ojos del pueblo sino que le ha servido para obtener el resultado deseado. En filas socialistas la derrota escuece precisamente por el carácter etéreo del triunfo popular. En cuatro años el PSOE ha pasado de tener una ventaja superior de más de cien votos a perder unas elecciones por 51 votaciones de diferencia. La corta brecha de la reciente derrota no puede convertirse en un argumento para obviar la autocrítica en el seno socialista porque si el partido que lidera Cano Bravo desea volver a la alcaldía deberá encontrar los motivos que han llevado a una parte de la izquierda sociológica frailera a darle la espalda. El  desgaste tras veinte años de gobierno así como las disputas personales que algunos ciudadanos han tenido contra el actual alcalde, incorporadas a la escena política, se presentan como las razones más explicativas de la derrota del PSOE en los comicios. Capitula el socialismo frailero más por el  hartazgo de algunos de sus tradicionales simpatizantes que por la consistencia de los argumentos esgrimidos por el PP para ganar las elecciones. Nunca antes en la historia democrática de Frailes un discurso tan débil había propiciado una derrota mínima pero al mismo tiempo de tanto valor simbólico e histórico. La lectura incontestable de las elecciones es que el pueblo ha mostrado su confianza en el PP concediéndole la alternancia política que tanto deseaba. A partir de ahora, la obligación de la nueva administración municipal es enseñarle a los fraileros qué es  y qué hay después del cambio.