Queridos candidatos,  les escribo esta carta para confesarles que estoy bastante preocupado. Si bien ha sido una necesaria satisfacción constatar que han respondido a las preguntas de este medio de comunicación aportando ideas saludables para el municipio, alejadas del insoportable populismo que algunos ciudadanos forofos han exhibido en Frailespático, he percibido algo durante la campaña electoral que me tiene angustiado. Se trata del veneno. No sé cómo ha llegado a las calles del pueblo, pero lo he visto. Igual ustedes no se han dado cuenta, tal vez el estrés y el duro trabajo que han realizado en las últimas semanas les han llevado a ignorarlo. Y es normal,  porque este veneno del que les hablo es incoloro, insípido, tampoco huele en la ropa ni deja rastro cuando alguien lo escupe desde su boca con la misma potencia con la que un rifle dispara una bala, pero si se fijan es probable que lo encuentren. Para percibirlo en toda su inquietante dimensión solo hay estar en el lugar adecuado. Yo, con pavor, lo he visto colarse en los bares y moverse con tanta sutileza y precisión que, sin darme cuenta, se ha confundido con la cerveza y el vino del terreno, bebidas sagradas en las tabernas fraileras. A cada trago, la cólera y el rencor de algunos infectados e infecciosos se ha multiplicado con el único propósito de vomitar barbaridades sobre sus rivales políticos, convertidos de un sablazo verbal en enemigos personales. Les aseguro señores candidatos que la peor cualidad de este veneno, tan escurridizo y puñetero, es que anestesia las ideas, el sentido común y desactiva la brújula de la conciencia incluso de los más cívicos ciudadanos. Prueba de ello es que sin que ustedes lo hayan creado, porque como les conozco de toda la vida sé que son personas serias, trabajadoras y decentes que nunca propiciarían un mal de este tipo, también ha penetrado en sus filas. Algunos de los que corearán sus nombres cuando ganen (o incluso si pierden) las elecciones se han sumado a la verborrea indigesta que apuesta por despotricar contra los ideales del contendiente político. Y se lo han pasado pipa. Otros, que también les felicitarán por su inminente triunfo,  han preferido alimentar teorías conspirativas y paranoicas acerca de los intereses políticos de quienes de forma altruista confeccionamos este portal informativo. Y sin dar la cara, un clásico en este pueblo. Quién sabe, si los resultados electorales terminan siendo tan ajustados como hace cuatro años, igual declinan la balanza a su favor esos votos envenenados. Ojalá no sea así y sean los votantes exentos de malicia y odio los encargados de decidir el futuro gobernante de la villa.  Lo perverso del asunto, señores candidatos, es que este veneno, que ha nacido en nuestro pueblo perderá toda conexión genética con Frailes una vez pasen las elecciones. O al menos así lo espero.

Termino esta carta reiterando mis felicitaciones por su única intervención conjunta en el medio de comunicación de los fraileros. Considero que estuvieron muy dignos en sus respuestas, pero como sabemos los devotos de las palabras, éstas pierden su valor sino son secundadas por los hechos. Sin duda, el primer y mayor reto que afrontará quien logre la alcaldía será extirpar ese veneno para evitar que un pueblo polarizado en dos grupos políticos se convierta en un pueblo dividido. Decía Unamuno que no le gustaban los partidos, sino los enteros. Acuérdense el domingo de las palabras de don Miguel…