Frailes, ¿qué decir de esta villa tan peculiar? Yo llegué aquí con apenas ocho años. La verdad es que con esa edad no reparas en el pueblo, no te fijas en sus calles; no conoces a nadie. Mi vida era el colegio, mis compañeros de clase y la familia. Cuando vienes de fuera, después de conocer otros lugares, te sientes desorientado. Mi miedo infantil era no tener amigos o amigas, añoraba mis antiguos compañeros. Me costaba ver más allá de los caprichos de una niña. Sinceramente no me gustaba Frailes.

Los años han ido pasando y sin darme cuenta, llevo viviendo nueve años en el pueblo. Los mejores años de mi vida hasta ahora han transcurrido por estas calles: tan vacías y tristes por la noche, pero tan llenas de alegría y color durante el día. Poco a poco me he ido enamorando de Frailes, sí, y de su gente. Pero lo que más me ha cautivado han sido sus paisajes, sus ríos, su aire fresco y puro…

A la misma vez que mi forma de ver Frailes ha ido cambiando, el pueblo ha ido evolucionando; y mucho. No solo me refiero a la ampliación del casco urbano, sino también a las gentes y su manera de pensar, sobre todo la de los jóvenes. Dicen que nosotros somos el FUTURO de aquí, y no creo que se equivoquen mucho con esa afirmación. Me gustaría que Frailes siguiese conservando su encanto natural y rural, porque no todo el mundo tiene el privilegio de vivir en este maravilloso paraje. Hoy puedo decir que me siento frailera y que aquí he encontrado el inicio del camino de mi vida.