No puedo con ustedes, lo confieso. Su obsesión por ocultar sus identidades me repugna. Sé que están en su derecho de hacerlo, que pueden firmar con esa nimia etiqueta de “anónimo” todas sus opiniones, comentarios, exclamaciones, recomendaciones, consejos y demás impresiones personales. Pero cuánto me disgusta. Y qué trabajo me cuesta entender que detrás de este camuflaje haya razones positivas, buenas intenciones. ¿Tan mala valoración tienen de sus propias palabras para no ponerle debajo (o arriba) sus nombres y apellidos? ¿Se sienten inseguros de lo que dicen y prefieren evitar que la gente les atribuya sus declaraciones? Díganme ustedes, profetas del anonimato, ilumínenme porque mis limitaciones intelectuales me impiden justificar su particular decisión de eliminar el innegable vínculo filial existente entre el sujeto que opina y sus particulares manifestaciones. Por más que lo intento, incapaz soy de explicármelo, solo alcanzo a hacer especulaciones del modo de actuar que tendrían si extendieran a otros  ámbitos de sus vidas este confuso dogma de enmascarar su identidad. Por ejemplo, si van a una reunión, qué sé yo, del AMPA y entienden que sus hijos merecen mejor trato en el colegio, ¿hablarían a la cara con el director del centro para comunicarle su malestar o le mandarían una carta quejándose? En este último caso, ¿la firmarían reconociendo que son padres de Fulanito o serían consecuentes con su intención de reservar quienes son y pondrían “anónimo”? Y si, en otra situación, tuviesen un problema con un vecino de su comunidad, ¿le trasmitirían el motivo del conflicto sin añadir a quien le está afectando (es decir a ustedes)? Seamos más imaginativos y rocambolescos, falta nos hace: imaginen que sus respectivas parejas le comunican que están embarazadas y aunque tienen casi la total certeza de que ustedes son los padres de la criatura, albergan ciertas mínimas dudas y les piden que, una vez nazca el niño, se hagan la prueba de paternidad. Acceden y finalmente sí son los progenitores. ¿Le pondrían ustedes sus apellidos al bebé o las dudas que tuvieron durante fatigosos momentos les impedirían hacerlo? ¿Le llamarían Fulanito Anónimo por si el niño al crecer resulta poco agraciado física o mentalmente? Señores Anónimos no me jodan, ustedes y su incongruencia han provocado este aluvión de estupideces en mi cabeza. ¿Acaso su libertad de expresión no es tan única y personal como para no poder firmarla? ¿Tienen idea de los cojones que tuvieron muchas personas en tiempos del franquismo para que hoy ustedes puedan decir lo que quieran y cómo quieran sin temor a esconder su identidad? Desde luego, si hubiesen vivido en esa época (o ahora en Venezuela o Italia) qué poco hubiesen aportado al progreso del individuo. Aquí y ahora, al menos hacen ruido sin autor.

Ya para terminar quiero dirigirme concretamente a usted, el último valiente que realizó una consulta a nuestro portal de información el pasado 30 de diciembre. Le aviso que, pensando lo mismo, no voy a ser tan elegante como el señor Dimetrio Clever. Usted tacha a nuestro periódico de parcial y propagandista. Para ello viene a decir que “cojeamos del pie izquierdo”. Lo que cojea es su torpe metáfora señor Anónimo, si cojeamos de ese pie ¿entonces nos sustentamos en el derecho no? Es cierto que las noticias del Ayuntamiento superan a las de la oposición, hasta el punto de que todavía no hay ninguna del PP. Pero es que en un pueblo, la administración local, sea del color político que sea, es el principal productor de noticias políticas. ¿Cómo no vamos a recoger lo que dice el Ayuntamiento si es de interés público? Dice usted también que prefiere la pesca y el baloncesto a la política y que la noticia de Zarrías no tiene relevancia. Supongo que usted verá todos los días en Frailes a secretarios de Estado y no le llamará la atención. Los que somos más obtusos entendimos que esta visita era noticiable tanto por el cargo del protagonista como por su esencia. ¿Le interesa señor Anónimo más la pesca que cuánto han costado obras públicas en nuestro pueblo como el Gimnasio y el Tanatorio? ¿Sabe que estas construcciones se realizan con parte del dinero suyo y del resto de fraileros? Pero según su opinión, este tipo de noticias son propaganda partidista. Si es creyente solo puedo decirle que Dios le pille confesado. De todas formas me alegra que diga lo que piensa. Lo que me alegra menos, como ya habrá adivinado, es que realice estas acusaciones desde la valentía del anonimato. Si tilda su mensaje de “crítica constructiva”, ¿qué miedo tiene a ponerle su nombre? Dice el genial letrista de comparsas y chirigotas , Juan Carlos Aragón, acerca de esconder la identidad al expresar opiniones que “ya en estos tiempos solo es maricón quien da por culo sin dar la cara”. ¿Entiende usted?